miércoles, 28 de julio de 2010

Del libro “Awake at Work” de Michel Carroll. (traducción mía)

Contemplar la riqueza

¿Que pasaría si todo tu dinero y riqueza desaparecieran en un instante?
Eso le ocurre todos los días a miles de personas alrededor del mundo; entonces contemplar esa posibilidad no es algo tan alejado. Imagina por un momento que te quedas sin trabajo y estás sin un centavo: ¿Qué harías? ¿Cómo te sentirías? ¿Verías al mundo como algo hostil o un lugar donde buscar ayuda? Si tuvieras que vivir en la calle, siendo invisible para los que pasan, ¿como te afectaría? Si tienes una familia, ellos probablemente estarían en la indigencia también. ¿La realidad te destruiría o profundizaría tu sabiduría?
No tener dinero y ser incapaz de hacer frente a las responsabilidades, es algo que no le deseamos a nadie. Pero al contemplar la riqueza de este modo – imaginándonos a nosotros mismos de golpe sin nada, totalmente expuestos s a la vida, sin ninguna protección ni garantía – ganamos insight respecto a nuestro miedo a ganarnos la vida.

Cuando contemplas la riqueza, considera cuanto pareciera que esta depende del tener dinero. Con dinero podemos elegir: tener una casa, irnos de vacaciones, jubilarnos antes, pagar los mejores médicos y universidades. Sin el, todo parece correr un riesgo: el techo sobre nuestras cabezas, el bienestar de nuestra familia, nuestra salud, hasta nuestra capacidad de tener comida en la mesa. El dinero toca una cuerda profunda y poderosa dentro de nosotros: nuestra pasión por sobrevivir. Pero si nuestra riqueza desapareciese, ¿las circunstancias nos sobrepasarían, o seríamos capaces de encontrar los recursos? ¿Si tuviésemos un montón de dinero, tendríamos acaso el control sobre nuestras vidas? ¿Lo que somos es diferente con o sin dinero? Contemplar la riqueza nos alienta a considerar estas posibilidades.

Continuará…

¿Piensas que podrías ser más feliz aún con menos dinero?
¿Es realmente el dinero - el que tienes o el que te falta - la causa de tu insatisfacción?
¿Es verdad que hay decisiones muy importantes que no tomas por dinero?
¿Puedes cuestionarte esa creencia? ¿Que pasa cuando lo haces?

viernes, 16 de julio de 2010

¡Arriba Juan, arriba Juan!

Levantarse para ir a trabajar.

El inicio del nuevo día es para algunos, algo pesado, denso, una lucha; para otros un cargado ajetreo de múltiples rutinas mecánicas, unos prefieren poner el despertador y disponer de 90’ con unos 15’ incluidos de saber que pueden remolonear un rato más, y otros solo necesitan de 10’ para ducharse, cepillarse los dientes y disparar con los minutos contados para llegar hasta la estación de un tren listo para arrancar.
La mañana en mi vida ha ido transformándose. Hubo un tiempo en que solo me alentaba el pensamiento prometedor de que iría a dormir una siesta al regresar del trabajo. Luego vino una etapa en la que la recompensa de un vigoroso masaje bajo la ducha bien caliente y prolongada, me animaba en la dura tarea de salir de la bruma de los últimos sueños. Ya en mi etapa free lance, hubo largos períodos de lucha entre mis deberías, que me empujaban a aprovechar la mañana para cumplir las promesas de ayer – ir a yoga o estudiar o preparar una propuesta - y los divagues de mi mente que entre las sábanas resolvía asuntos familiares, peleaba o se colgaba en preocupaciones interminables por la salud de mis seres queridos, o entraba en largos diálogos internos con mi madre o mi ex o mis hijas. Cuando miraba el reloj, mi tiempo se había desvanecido en una neblina gris de especulaciones interminables e improductivas. Mi mañana parecía entonces una extensión de la línea de subte. Una especie de continuidad de ‘pasajeros-preocupaciones’ que no se habían bajado en la estación terminal Día de Ayer, sino que habían decidido seguir – noche mediante- hasta la estación Dia de Hoy, copia predecible de un original poco prometedor.

Mi maestro, Arnaud Maitland, dice que las enseñanzas del budismo tibetano hablan de la importancia de establecer la noche anterior, antes de dormirte, tu intención para el día siguiente. Aprendí de esta antigua sabiduría, que cada día contiene un principio, que es bueno reconocer a la mañana del nuevo día. Un modo de hacer esa intención del inicio fuerte, es colar un pensamiento positivo allí, ganándole de mano a la cadena asociativa patrón de pensamientos conocidos, preocupantes y negativos que habitualmente toman el control, arruinándote la mañana, y muy probablemente el resto del día.
Aprendí que los comienzos – del día, pero también de cualquier proyecto- son verdaderamente importantes. Y que el inicio puede instalar un impulso vitalizante y claro para lo que queremos.

La mañana, también es un momento para apreciar. Puede ser un momento único de intimidad y cuidado personal antes de que comiencen las agitaciones y corridas de un día muy ocupado. Hacerte 5’ para esa intimidad con vos, con tu pareja, o tus hijos, antes de partir cada uno a sus actividades, puede cambiarte la calidad del resto del día.

Si automáticamente prendes la radio o la televisión, o lees el diario; el espacio y los sentidos se llenan de estímulos, y te distraen de las sensaciones agradables y detalles que tiene la mañana. Si prestas atención podrás sentir lo placentero de los sonidos matutinos que despiertan. Si haces algo que te exprese, algo que te gusta, algo que es importante para vos, entonces cada mañana es una oportunidad de despertar a una nueva ocasión de llevar adelante el día de un modo más alegre y confortable.

¿Cómo te gustaría empezar tu día?
¿Qué quisieras incluir en tu despertar para llevar más conciencia e intención al inicio de tu jornada?
¿Qué beneficios podría traerte el hacerlo?