jueves, 24 de junio de 2010

¿Es natural trabajar?

Hace unos meses se me ocurrió introducir, como disparador de un Taller in- company sobre Stress, una frase que a mí misma me había resultado sumamente inspiradora. La misma, tomada del libro ‘Éxito Inteligente’ del lama Tarthang Tulku decía: “así como es natural para un niño jugar, así de natural es para un adulto trabajar”. Simple y directa aborda sin vueltas el concepto del trabajo.

Nunca medí las consecuencias del efecto que iría a tener sobre este grupo de gerentes, adultos por cierto. Estuve varios días desenmarañando los motivos del enojo y la indignación que desató la frase. Entre las cosas que me decían recuerdo:

… bueno, eso podrá ser en Oriente, pero no en este país…
…para mi la vida tiene otras cosas además de trabajar…
… para mí el trabajo es solo algo que hago para poder hacer otras cosas…
… todo bien con el trabajo, pero no es lo único…
… eso suena muy lindo pero acá no se cumple…
… te juro que si yo gano la lotería no trabajo nunca más….

Mientras ellos explicaban sus motivos para rechazar rotundamente y con sorna ‘mi’ frase, yo intentaba comprender cual era el nudo de esa negativa tan terca que impedía que acepten mi invitación a contemplar el trabajo como algo natural al ser humano adulto. ¿De donde provenía ese freno tan fuerte a considerar simplemente al trabajo como algo ‘natural’? ¿Qué era lo que los afectaba tanto? ¿De qué estábamos hablando realmente? ¿Por qué insistían de modo implacable, una y otra vez con que el trabajo no era todo en sus vidas? ¿Y qué si lo fuera? ¿Trabajando menos podríamos ser más felices? ¿Cuánto nos duraría? ¿Por qué en muchos casos la jubilación no trae la felicidad esperada? ¿Por qué tantas veces no podemos disfrutar las vacaciones? ¿O los fines de semana? ¿Qué hace que no podamos llevar vidas más plenas? ¿Por qué negar que el trabajo podría ser fuente de mucha más alegría?

Como cultura y a lo largo de los últimos cien años hemos aceptado una manera dividida de vivir y trabajar que nos ha llevado a oponernos al trabajo. Esta separación es una de las fuente del stress que hace que confundidos no podamos vivir con toda alegría y vitalidad el hecho mismo que trabajar conlleva.

Me es frecuente escuchar frases como ‘tienes que elegir el trabajo que realmente te gusta’ implicando la idea de que todos podríamos – en teoría- cambiar y elegir; y por supuesto que acuerdo con la libertad de elección y de cambiar de trabajo. Y claro que comprendo que hay entornos opresivos y enfermantes de los cuales es conveniente huir. Pero existe una confusión sutil. El riesgo de estas propuestas es pasar por alto la exploración de las actuales circunstancias, y el mirar con honestidad cual es nuestra implicación en las condiciones presentes. No necesitamos esperar a conseguir un mejor trabajo para ser felices en el futuro, ya que cada día volvemos a tener la oportunidad de elegir qué queremos hacer con lo que nos pasa en el trabajo actual y preguntarnos si lo que hacemos, ayuda al bienestar nuestro y al de los que nos rodean.

Cuando podemos mirar el trabajo que hacemos actualmente, y sin esperar que las condiciones cambien, hacernos ‘manos a la obra’ para incluirnos y participar en el trabajo ya mismo, integramos inmediatamente la vida en el trabajo y el trabajo en la vida. Hemos generado un paradigma muy potente que separa cosas que en realidad no están separadas; y esto nos lleva a vivir en un mundo fragmentado de ‘trabajar + vivir’. O trabajar para vivir, que es lo mismo.

Cuando algo nos muestra la unión natural del trabajo con nuestras vidas y aunque sea por un instante accedemos a la verdad de esa promesa, sentimos el enorme dolor y frustración que nos causa el vivir fragmentados. Si nos ponemos en espera durante el trabajo, partimos en dos nuestra preciosa vida manteniendo a raya el trabajo y la vida personal. El concepto de felicidad y trabajo trata de unir lo que naturalmente pide a gritos volver a estar junto.

lunes, 14 de junio de 2010

Corriendo atrás de la zanahoria.

…no es novedad para los líderes que la comunicación abierta, la escucha y la participación de todos alienta un buen clima y favorece la motivación. Pero este saber actúa como la inscripción de alerta en los paquetes de cigarrillos…

Todas las organizaciones que buscan cuidar a sus recursos humanos se preguntan como proveer beneficios que promuevan la salud, el nivel económico, o la exposición a experiencias de aprendizaje e intercambio. En este otorgar beneficios trabajan por la motivación y la lealtad de sus colaboradores. Aún así la rotación, la desmotivación y el stress son serios problemas actuales.

A los consultores nos piden que incluyamos en nuestras agendas de capacitación reflexiones y material acerca de la motivación. También nos piden que motivemos. Y aunque las jornadas de entrenamiento son, por muchos motivos fuentes de motivación; como consultores sabemos que el fin último de una ‘zanahoria’ como la capacitación no es que la gente ‘la pase bien y se divierta’ en la actividad, sino que transforme lo que está impidiendo que cumpla con las metas del equipo u organización.

Ya no es novedad para los líderes que la comunicación abierta, la escucha y la participación de todos alienta un buen clima y favorece la motivación. Pero este saber actúa como la inscripción de alerta en los paquetes de cigarrillos: los fumadores no cambian sus hábitos de consumo. Es decir, el conocimiento teórico no alcanza por sí solo para producir un cambio de conducta.

El problema con el enfoque de beneficios ‘zanahoria’ para curar la motivación (la del trabajo o cualquier otra) es que al cabo de un corto tiempo la recarga positiva inicial desaparece.

Y entonces surgen preguntas realmente importantes respecto al fenómeno de la motivación y del interés: ¿Qué lo enciende? ¿Cómo hacer para mantener la llama encendida? ¿Cuáles son los intereses y las motivaciones de las personas cuando trabajan?

De una primera observación, podríamos concluir que está en la naturaleza de las ‘zanahorias’ ser una fuente externa. Y si todos los motivos están fuera del trabajo en sí -como ‘zanahorias’-, la frustración y el malestar vendrán, ya que nada externo tiene la capacidad de sostener la motivación.

Existe otro aspecto, de una cualidad bien diferente, llamado motivación interna que se genera y realimenta con el trabajo mismo y en el contacto real con los proyectos, y los logros. Mantener despierta la motivación interna individual es un proceso de toda la vida como líderes y seres adultos que somos. Podemos reclamarle al entorno desde nuestro ser más inmaduro, mayores fuentes de motivación; y puede que tengamos muy buenos motivos para hacerlo, pero si no asumimos la responsabilidad de generar y alimentar en nosotros mismos los recursos internos para mantener nuestra motivación viva, estaremos condenados a frustrarnos y desvitalizarnos cada vez que a la ‘zanahoria’ se acaba.
Como un primer paso en asumir esa responsabilidad respecto a la propia motivación podemos empezar a observar las diferencias entre TRABAJAR EN (motivación interna) y TRABAJAR PARA. (motivación externa- ‘zanahoria’)

Veamos algunos ejemplos posibles:

TRABAJAR PARA
Sueldo
Vacaciones
Estructurar el tiempo
Estar con amigos
Adquirir Jerarquía/ Poder
Contar con una jubilación
Contar con un CV importante
El placer de ganar

TRABAJAR EN
Crecimiento
Me siento bien
Hacer algo valioso
Sinergia
Dar más/ llevar beneficios a otros
Dejar un legadoDesarrollar mi vocación
El placer de colaborar

¿Cuáles serían tus propios ejemplos? ¿Cómo anda tu motivación?

TRABAJAR PARA:
TRABAJAR EN:

Cultivar la propia fuente de intereses en el trabajo puede ser una motivación en sí misma, inagotable y aún por descubrir.
La exploración de los propios intereses y anhelos mientras trabajamos, abre la posibilidad de acceder a un mundo ilimitado de recursos propios que empiezan a crecer cuando nosotros queremos.
Reflexiones sobre el bienestar en el trabajo.

…Suena el despertador. De nuevo, como cada mañana, la pesadez y esa bruma interna. Los mismos ¿dos o tres? pensamientos al acecho. Ni tiempo me dan a meditar sobre como estará el clima afuera. En menos de una céntima de segundo ya me invade un NO interno. No a todo…
Cuentan que la labor de Miguel Ángel era la de quitarle al bloque de mármol lo que éste ‘tenía de más’. A medida que su trabajo avanzaba la figura contenida emergía. La forma ya estaba oculta en la piedra, decía.
Como seres humanos tenemos una ardua y valiosa tarea que bien vale la pena encarar para transformar nuestro trabajo en la posibilidad liberadora de ser quienes somos, asomando del mármol.
Esta tarea es con esfuerzo y coraje, sobretodo cuando nos enfrentamos a viejos hábitos y condicionamientos que ya forman parte de la trama enmarañada de nuestras células y nuestra psique.
Pero ya no podemos perder más tiempo. Somos grandes, tenemos cuentas que pagar, asuntos vitales por resolver, y el anhelo de sentirnos bien en una vida que en perspectiva es corta.

Hoy las neurociencias nos dicen que, contrariamente a lo que se creía, las neuronas pueden regenerarse. Esta ha sido la mejor noticia de las ciencias de las últimas décadas. Si contamos con un cerebro que puede repararse, podemos entonces seguir aprendiendo a lo largo de toda nuestra preciosa vida.
Entonces, ¿cómo podemos favorecer esa posibilidad de regeneración neuronal que nos hará sentir más lúcidos, alegres y vitales? ¿Cómo favorecer el despliegue de nuestro potencial en el trabajo – empujándonos fuera del mármol- y así sentirnos bien, aún cuando las circunstancias sean críticas?
Aprender nuevos hábitos es una de las maneras de sentirnos bien.
Cuando estamos dentro de esa maraña de viejos hábitos que como garrapatas nos tienen presos, pesados y negativos, nos parece que nada vale la pena. Las posibilidades se achican y sentimos que no tenemos ni espacio ni tiempo para más. Estamos encerrados, presos en la piedra. Cansados y desalentados no vemos como el tiempo se nos escurre y perdemos oportunidades. Nos sentimos luego arrepentidos por esas oportunidades perdidas y corremos el riesgo de caer en la depresión o de enfermarnos. Literalmente nos sentimos atrapados e impotentes para actuar.
La negatividad es prima del stress. Al instalarse de forma tan natural en nuestra cotidianeidad ya no la cuestionamos, a pesar de que estar negativos no nos hace sentir bien. A veces hasta aplaudimos la negatividad de los demás, confundiéndola con honestidad o valentía para decir las cosas.
Por algún motivo incomprensible parece que cuando decimos NO sonamos más inteligentes y objetivos que cuando decimos SI. SI nos parece tonto e ingenuo.
Es un hábito que no nos ayuda a amanecer. No nos ayuda cuando queremos tener vidas que valgan la pena y trabajos en donde habite el bienestar.

…Salgo de la cama, me siento, respiro profundamente tres veces. Miro hacia la ventana, hay vapor de agua en los vidrios. Escucho el canto del pájaro nocturno. Practico mi nuevo pensamiento:” que bello es poder moverme”, me digo mientras muevo mis brazos hacia arriba desperezándome”.

Cuando digo SI, veo que está comenzando un nuevo día. Con suerte, nuevas neuronas estén naciendo en mi autopista cerebral.
¿Podré ser capaz de elegir, con qué dos o tres pensamientos quiero alimentar el inicio de mi día y mi circuito neuronal?

Me esperan en la oficina. ¿Y si me bajo antes y camino esas cuadritas arboladas?
La de hoy será una buena reunión.
Gracias.