Reflexiones sobre el bienestar en el trabajo.
…Suena el despertador. De nuevo, como cada mañana, la pesadez y esa bruma interna. Los mismos ¿dos o tres? pensamientos al acecho. Ni tiempo me dan a meditar sobre como estará el clima afuera. En menos de una céntima de segundo ya me invade un NO interno. No a todo…
Cuentan que la labor de Miguel Ángel era la de quitarle al bloque de mármol lo que éste ‘tenía de más’. A medida que su trabajo avanzaba la figura contenida emergía. La forma ya estaba oculta en la piedra, decía.
Como seres humanos tenemos una ardua y valiosa tarea que bien vale la pena encarar para transformar nuestro trabajo en la posibilidad liberadora de ser quienes somos, asomando del mármol.
Esta tarea es con esfuerzo y coraje, sobretodo cuando nos enfrentamos a viejos hábitos y condicionamientos que ya forman parte de la trama enmarañada de nuestras células y nuestra psique.
Pero ya no podemos perder más tiempo. Somos grandes, tenemos cuentas que pagar, asuntos vitales por resolver, y el anhelo de sentirnos bien en una vida que en perspectiva es corta.
Hoy las neurociencias nos dicen que, contrariamente a lo que se creía, las neuronas pueden regenerarse. Esta ha sido la mejor noticia de las ciencias de las últimas décadas. Si contamos con un cerebro que puede repararse, podemos entonces seguir aprendiendo a lo largo de toda nuestra preciosa vida.
Entonces, ¿cómo podemos favorecer esa posibilidad de regeneración neuronal que nos hará sentir más lúcidos, alegres y vitales? ¿Cómo favorecer el despliegue de nuestro potencial en el trabajo – empujándonos fuera del mármol- y así sentirnos bien, aún cuando las circunstancias sean críticas?
Aprender nuevos hábitos es una de las maneras de sentirnos bien.
Cuando estamos dentro de esa maraña de viejos hábitos que como garrapatas nos tienen presos, pesados y negativos, nos parece que nada vale la pena. Las posibilidades se achican y sentimos que no tenemos ni espacio ni tiempo para más. Estamos encerrados, presos en la piedra. Cansados y desalentados no vemos como el tiempo se nos escurre y perdemos oportunidades. Nos sentimos luego arrepentidos por esas oportunidades perdidas y corremos el riesgo de caer en la depresión o de enfermarnos. Literalmente nos sentimos atrapados e impotentes para actuar.
La negatividad es prima del stress. Al instalarse de forma tan natural en nuestra cotidianeidad ya no la cuestionamos, a pesar de que estar negativos no nos hace sentir bien. A veces hasta aplaudimos la negatividad de los demás, confundiéndola con honestidad o valentía para decir las cosas.
Por algún motivo incomprensible parece que cuando decimos NO sonamos más inteligentes y objetivos que cuando decimos SI. SI nos parece tonto e ingenuo.
Es un hábito que no nos ayuda a amanecer. No nos ayuda cuando queremos tener vidas que valgan la pena y trabajos en donde habite el bienestar.
…Salgo de la cama, me siento, respiro profundamente tres veces. Miro hacia la ventana, hay vapor de agua en los vidrios. Escucho el canto del pájaro nocturno. Practico mi nuevo pensamiento:” que bello es poder moverme”, me digo mientras muevo mis brazos hacia arriba desperezándome”.
Cuando digo SI, veo que está comenzando un nuevo día. Con suerte, nuevas neuronas estén naciendo en mi autopista cerebral.
¿Podré ser capaz de elegir, con qué dos o tres pensamientos quiero alimentar el inicio de mi día y mi circuito neuronal?
Me esperan en la oficina. ¿Y si me bajo antes y camino esas cuadritas arboladas?
La de hoy será una buena reunión.
Gracias.
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