Levantarse para ir a trabajar.
El inicio del nuevo día es para algunos, algo pesado, denso, una lucha; para otros un cargado ajetreo de múltiples rutinas mecánicas, unos prefieren poner el despertador y disponer de 90’ con unos 15’ incluidos de saber que pueden remolonear un rato más, y otros solo necesitan de 10’ para ducharse, cepillarse los dientes y disparar con los minutos contados para llegar hasta la estación de un tren listo para arrancar.
La mañana en mi vida ha ido transformándose. Hubo un tiempo en que solo me alentaba el pensamiento prometedor de que iría a dormir una siesta al regresar del trabajo. Luego vino una etapa en la que la recompensa de un vigoroso masaje bajo la ducha bien caliente y prolongada, me animaba en la dura tarea de salir de la bruma de los últimos sueños. Ya en mi etapa free lance, hubo largos períodos de lucha entre mis deberías, que me empujaban a aprovechar la mañana para cumplir las promesas de ayer – ir a yoga o estudiar o preparar una propuesta - y los divagues de mi mente que entre las sábanas resolvía asuntos familiares, peleaba o se colgaba en preocupaciones interminables por la salud de mis seres queridos, o entraba en largos diálogos internos con mi madre o mi ex o mis hijas. Cuando miraba el reloj, mi tiempo se había desvanecido en una neblina gris de especulaciones interminables e improductivas. Mi mañana parecía entonces una extensión de la línea de subte. Una especie de continuidad de ‘pasajeros-preocupaciones’ que no se habían bajado en la estación terminal Día de Ayer, sino que habían decidido seguir – noche mediante- hasta la estación Dia de Hoy, copia predecible de un original poco prometedor.
Mi maestro, Arnaud Maitland, dice que las enseñanzas del budismo tibetano hablan de la importancia de establecer la noche anterior, antes de dormirte, tu intención para el día siguiente. Aprendí de esta antigua sabiduría, que cada día contiene un principio, que es bueno reconocer a la mañana del nuevo día. Un modo de hacer esa intención del inicio fuerte, es colar un pensamiento positivo allí, ganándole de mano a la cadena asociativa patrón de pensamientos conocidos, preocupantes y negativos que habitualmente toman el control, arruinándote la mañana, y muy probablemente el resto del día.
Aprendí que los comienzos – del día, pero también de cualquier proyecto- son verdaderamente importantes. Y que el inicio puede instalar un impulso vitalizante y claro para lo que queremos.
La mañana, también es un momento para apreciar. Puede ser un momento único de intimidad y cuidado personal antes de que comiencen las agitaciones y corridas de un día muy ocupado. Hacerte 5’ para esa intimidad con vos, con tu pareja, o tus hijos, antes de partir cada uno a sus actividades, puede cambiarte la calidad del resto del día.
Si automáticamente prendes la radio o la televisión, o lees el diario; el espacio y los sentidos se llenan de estímulos, y te distraen de las sensaciones agradables y detalles que tiene la mañana. Si prestas atención podrás sentir lo placentero de los sonidos matutinos que despiertan. Si haces algo que te exprese, algo que te gusta, algo que es importante para vos, entonces cada mañana es una oportunidad de despertar a una nueva ocasión de llevar adelante el día de un modo más alegre y confortable.
¿Cómo te gustaría empezar tu día?
¿Qué quisieras incluir en tu despertar para llevar más conciencia e intención al inicio de tu jornada?
¿Qué beneficios podría traerte el hacerlo?
Para mi las mañanas son lo mejor!! Me gusta levantarme con tiempo para poder perder, en el transcurso del día no tengo tantas oportunidades de para dar "tantas vueltas", es para mi un verdadero placer demorar la salida de casa... A veces cuesta mucho otras veces cuesta menos, pero lo que sí es cierto es que valoro el silencio, siempre vuelvo sobres mis anotaciones de lo que es importante que haga ese día... Voy a Sumar lo de la intención de la noche anterior!!
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